Hace más de veinte años, un ingeniero chino que trabajaba en Silicon Valley predijo que el negocio mundial de la memoria acabaría en manos de empresas chinas. Hoy, ese ingeniero, Zhu Yiming, es uno de los mayores millonarios tecnológicos de China, con una fortuna estimada en 15.500 millones de dólares, según Forbes. Su empresa, CXMT (ChangXin Memory Technologies), debutó en bolsa con un aumento del 500% en el primer día, superando en capitalización a Intel.
Zhu Yiming no es un caso aislado. Una nueva generación de jóvenes empresarios chinos está acumulando grandes fortunas, a menudo manteniendo un perfil público discreto. Según el informe de Hurun de 2026, China cuenta con 29 milmillonarios hechos a sí mismos con 40 años o menos. Liang Wenfeng, fundador de DeepSeek, ha visto su fortuna crecer hasta los 36.000 millones de dólares tras cerrar una nueva ronda de financiación.
Esta nueva élite tecnológica se diferencia de la anterior, que se enriqueció principalmente a través del sector inmobiliario y la manufactura. Los nuevos millonarios, como Wang Ning, creador de los muñecos Labubu de Pop Mart, y Junjie Zhang, fundador de Chagee, tienen una visión más global y han logrado expandir sus productos más allá de China.
Además, esta generación ha cambiado la cultura laboral, alejándose del modelo 996 (trabajar de nueve de la mañana a nueve de la noche, seis días a la semana) para atraer mejor talento. Sin embargo, enfrentan desafíos, ya que el Gobierno chino sigue vigilando de cerca a los grandes empresarios. En 2026, Pekín bloqueó la venta de la startup de inteligencia artificial Manu a Meta por dos mil millones de dólares, lo que podría haber convertido a su fundador, Xiao Hong, en milmillonario.
La nueva élite tecnológica de China, aunque rica y globalizada, tiende a evitar los focos mediáticos, temiendo que cambios políticos puedan afectar sus negocios y exponer sus fortunas.




