China ha inaugurado la primera línea de producción mundial de vacunas contra el cáncer impulsada completamente por inteligencia artificial, ubicada en Pekín y propiedad de la firma Likang Life Sciences. Esta instalación ha requerido una inversión de aproximadamente 16,1 millones de dólares y está diseñada para operar a una velocidad sin precedentes.
El producto más avanzado de esta fábrica es la vacuna de neoantígenos LK101, que utiliza inteligencia artificial para secuenciar el ADN tumoral, con el objetivo de sintetizar dosis personalizadas en un plazo de un día. Se espera que los pacientes reciban su inyección personalizada pocos días después de haberse sometido a una biopsia.
La inteligencia artificial juega un papel crucial en este proceso al analizar la información genética del tumor y predecir qué partes del antígeno serán más efectivas para activar y dirigir las células del sistema inmunitario contra el tumor. Este enfoque busca activar las defensas naturales del organismo, similar a lo que se hace en la inmunoterapia.
A pesar de los avances, los resultados prometedores obtenidos en estudios con animales no garantizan el éxito en todos los pacientes, y la eficacia clínica en humanos sigue siendo limitada. La mayoría de los estudios sobre este tratamiento personalizado se encuentran en etapas tempranas.
Además, aunque China ha establecido esta fábrica, su ecosistema de investigación clínica es relativamente cerrado. Entre 2014 y 2024, se registraron 89 ensayos clínicos de vacunas oncológicas en el país, en comparación con los 757 ensayos realizados en Estados Unidos durante el mismo período. Los ensayos en China tienen un enfoque principalmente doméstico, con solo un 2,2% de alcance global, y abordan una menor diversidad oncológica, centrándose en aproximadamente cinco tipos de cáncer frente a más de 20 estudiados en Estados Unidos.






