Estados Unidos ha estado trabajando durante años en métodos para obtener energía solar directamente del espacio, conocida como energía solar espacial. Esta forma de energía se presenta como una mejora respecto a las plantas solares convencionales en la Tierra, ya que la densidad de energía solar en órbita es seis veces mayor y se eliminan las interferencias climáticas. Sin embargo, existen numerosos desafíos tecnológicos que deben ser superados.
China, que ha estado observando el avance de Estados Unidos en este campo, ha decidido participar en esta carrera energética. Tras presentar varias propuestas, se ha seleccionado el proyecto Zhuri, que significa «perseguir el Sol» en chino, y que ya está en desarrollo por la Universidad de Xidian.
El sistema de Zhuri incluye un espejo en forma de cúpula de 4,8 metros, suspendido en una torre de 75 metros, que concentra la luz solar en paneles similares a los utilizados en la Tierra. Esta luz se convierte en electricidad, que luego se transforma en microondas para su transmisión. Posteriormente, una antena rectificadora, o rectenna, convierte las microondas de nuevo en electricidad de corriente continua, que es la que se envía a la Tierra.
Además de los espejos, se han probado lentes de Fresnel de 2 a 7 metros de ancho, que permiten un enfoque más eficiente de la luz solar, utilizando menos materiales y con sistemas de refrigeración para gestionar el calor.
Las primeras pruebas han sido exitosas, logrando obtener energía en el orden de kilovatios. En Estados Unidos, varios proyectos similares están en marcha, como el de Caltech, que investiga en este ámbito desde 2013, y el proyecto ARACHNE de la Fuerza Aérea. En Europa, la ESA trabaja en el proyecto Solaris, mientras que el Reino Unido tiene el Space Solar, ambos con planes de operación para 2030. Japón, por su parte, ha estado investigando en este campo durante décadas.
Es importante no confundir el proyecto Zhuri con Reflect Orbital, otro proyecto estadounidense que busca transmitir luz solar en lugar de electricidad. Aunque ambos tienen objetivos similares, sus métodos son diferentes.
Los desafíos en la obtención de energía solar espacial son comunes a todos los países involucrados, incluyendo la dificultad en el despliegue de estructuras y la precisión en la transmisión de microondas. Para abordar estos problemas, China utiliza unidades modulares que vuelan en formación, mejorando la resistencia y facilitando el mantenimiento.
El objetivo final de estos proyectos es llevar energía solar a cualquier parte de la Tierra, aunque inicialmente se enfocan en lograr hitos más pequeños, como la carga inalámbrica de satélites en órbita y el abastecimiento de bases lunares.





