Microsoft se propuso hace unos años ser menos contaminante, estableciendo como meta convertirse en una compañía «carbon negative» para 2030. La empresa inició investigaciones para crear edificios más sostenibles y optimizar el uso del agua y el calor en sus centros de datos de Azure. Sin embargo, el desarrollo de la inteligencia artificial ha impactado significativamente en estos objetivos.
En su último informe ambiental, Microsoft reportó un aumento en sus emisiones totales, que pasaron de aproximadamente 16 millones de toneladas de CO2 a 20 millones de toneladas netas en el último año fiscal. Esto representa un incremento del 25% en comparación con el periodo anterior. Las emisiones netas se calculan restando el carbono que la empresa paga para eliminar de la atmósfera, resultando en 20 millones de toneladas tras emitir 34 millones.
Según el informe, este aumento se debe principalmente a las inversiones en nuevos centros de datos para la inteligencia artificial y la computación en la nube, incluyendo los sistemas de OpenAI integrados en los productos de Microsoft. El impacto más significativo se encuentra en lo que se denomina Scope 3, que incluye los materiales de construcción de los centros de datos, como acero y cemento, y los bienes y servicios adquiridos, que han aumentado con la expansión de la infraestructura de IA. Este Scope 3 representa alrededor del 96% de la huella de carbono de la empresa, superando las emisiones directas de sus operaciones.
Además, las emisiones relacionadas con el consumo eléctrico han aumentado casi diez veces entre 2024 y 2025. Aunque Microsoft ha reportado una reducción de sus emisiones directas, la demanda eléctrica ha crecido considerablemente, dificultando su cobertura únicamente con fuentes renovables. Análisis independientes indican que el consumo eléctrico de Microsoft creció de 23,6 TWh a 29,8 TWh, un aumento del 26% en 2024, y se espera que el consumo relacionado con la IA se dispare para 2030.
La creciente demanda de inteligencia artificial ha llevado a Microsoft a desviarse de sus objetivos climáticos establecidos en 2020, reflejando la tensión entre su papel como compañía de IA y sus compromisos medioambientales. Otras empresas, como Amazon y Google, también han reportado incrementos en su huella de carbono, del 16% y 18% respectivamente en el último año.



