Los navegadores de inteligencia artificial no llegaron prometiendo una pestaña más lista ni un buscador con mejores respuestas. Llegaron con una ambición mayor: OpenAI habla de acercarse a un “verdadero superasistente”, Perplexity resume Comet como “el navegador que trabaja para ti” y Google presenta Gemini en Chrome bajo la idea de una nueva era de navegación. Sin embargo, esta promesa comienza a mostrar riesgos emergentes.
La Universidad de Washington ha puesto el foco en estos riesgos en una investigación presentada en el workshop Agents in the Wild, y difundida el 30 de junio. Un equipo analizó siete navegadores agénticos populares para comprobar su relación con una protección básica de la web moderna: la política de mismo origen. La conclusión fue que cuatro de ellos abrían vías de riesgo relevantes, y los investigadores realizaron una prueba de concepto completa en ChatGPT Atlas en Agent Mode.
Un navegador tradicional muestra páginas y espera decisiones del usuario. En cambio, los navegadores agénticos alteran esta lógica al incorporar sistemas capaces de interpretar lo que aparece en pantalla y avanzar dentro del propio navegador. Esto permite coordinar tareas entre pestañas, operar sobre páginas abiertas y completar acciones que antes dependían del usuario.
El riesgo no solo proviene de páginas maliciosas, sino también de la capacidad del agente para interpretar una página como parte de sus instrucciones. Esto se relaciona con el prompt injection, una técnica donde un contenido externo intenta alterar el comportamiento del modelo con órdenes camufladas. En un chatbot, esto ya es un problema; en un navegador agéntico, el alcance de este riesgo se amplía, ya que el sistema puede procesar información de una página y convertirla en acciones dentro del navegador.
La política de mismo origen es una de las protecciones que sostienen gran parte de la web moderna, impidiendo que una página lea o manipule información de otra. Sin embargo, un agente puede agrupar información que antes estaba separada. Por ejemplo, si un usuario visita una página normal y pide al agente que la resuma, esa página puede incluir contenido de otro origen con instrucciones maliciosas. Si el agente tiene permisos suficientes, podría acceder a información que no debería poder leer directamente y trasladarla a un formulario controlado por un atacante.
Es importante señalar que el estudio no indica que todos los usuarios vayan a sufrir un ataque ni que cualquier navegador con IA sea inseguro por definición. Los investigadores analizaron versiones concretas en un momento específico y trabajaron con pruebas de concepto, no con ataques reales ni con datos sensibles. También observaron que los navegadores que concedían menos permisos al agente tendían a reducir el riesgo.
Estos navegadores son atractivos porque prometen ahorrar pasos y ejecutar tareas con menos intervención del usuario. Sin embargo, esta capacidad también aumenta el riesgo, ya que no se limita a una pestaña aislada, sino que puede afectar un entorno con sesiones abiertas y datos personales. Aunque aún no son un hábito masivo, el debate sobre su seguridad ya está presente, dado que su propuesta consiste en darles más margen.





